El Viático

La palabra “Viático” proviene del latín “via”, o sea, camino, y significa «provisiones para el viaje que se va a emprender». Así lo entendían los romanos.

En la liturgia católica el Viático consiste en administrar la comunión, bajo las dos especies a ser posible, a los moribundos como ayuda para celebrar la Pascua definitiva. Así pues, a los que van a dejar la vida terrena la Iglesia les ofrece un alimento espiritual para su pascua, la comunión, llamada en esta ocasión Viático.

La Unción es un sacramento específico para los enfermos de cierta gravedad, no para moribundos como pueda pensarse.

El Viático sí que es específico para los moribundos, siempre a condición de que estén lúcidos con las limitaciones propias de su estado.

El ministro adecuado para impartir, tanto la Unción de enfermos como el Viático, sería el párroco o su vicario, el capellán correspondiente o el superior de una comunidad religiosa pero por causa razonable o en caso de necesidad podría hacerlo cualquier sacerdote, informando posteriormente al ministro específico.

No debe confundirse el Viático con llevar la comunión a los enfermos.

Desde los primeros siglos fue una costumbre muy valorada el que a los cristianos en peligro cercano de muerte se les diera la comunión eucarística, recomendándolo el Concilio de Nicea (año 325): “que si alguno va a salir de este mundo, no se le prive del último y más necesario viático”.

La consigna de que no se les deje marchar sin el consuelo del Viático se ha mantenido hasta la actualidad. También ahora sigue teniendo óptimo sentido esta comunión en forma de Viático. Cristo es el camino «via» y a la vez el pan de la vida, el alimento verdadero.

Como el cristiano empezó su vida cristiana incorporándose a Cristo por medio del Bautismo, así termina su etapa terrena incorporándose a Cristo en su muerte y resurrección, por medio de la Eucaristía: esto les ayuda a celebrar definitivamente su Pascua, la salida de esta vida y el paso a la definitiva.

Recibida en este momento de paso hacia el Padre, la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna v poder de resurrección, según las palabras del Señor: “el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6,54).

La comunión recibida como Viático ha de ser tenida como un signo especial de participación en el misterio que se celebra en el sacrificio de la misa, esto es, en la muerte del Señor y su tránsito al Padre.

El Concilio Vaticano II encargó que además de los ritos separados de la Unción de enfermos y del Viático, se redáctese un Ordo continuado según el cual se administrase la Unción de enfermos después de la confesión y antes de la recepción del Viático.

En el “Ritual de la Unción y de la Pastoral de enfermos” se ofrecen textos para la celebración.

El Viático debe administrarse, si es posible, dentro de la Misa que puede decirse en o cerca de la habitación del enfermo y comenzando con la aspersión de agua bendita al principio como recuerdo del bautismo.
Tras la Liturgia de la Palabra el moribundo realiza, si puede, la profesión de fe con la forma dialogada del Bautismo. Al recibir la comunión el ministro añade las siguientes palabras: “Él mismo te guarde y te lleve a la vida eterna”.

En la bendición, el celebrante debe añadir la indulgencia plenaria o el perdón apostólico.

Si la persona moribunda no está confirmada cualquier sacerdote puede administrarle el sacramento de la Confirmación y seguidamente la Unción de enfermos. Se usaría el rito llamado “continuo” cuando el sacerdote se da cuenta de que debe administrar todos los sacramentos para beneficio del moribundo.
En cualquier caso no debe darse la comunión en los siguientes casos:
  • si la persona no puede deglutir. En este caso puede dársele algunas gotas de la sangre de Cristo, si es que puede recibirlas
  • si está inconsciente
  • si se encuentra en un estado de enajenación irracional de tal forma que pudiese rechazar el sacramento.
Si puede comulgar, con dificultad, no hay inconveniente en darle una pequeña porción de la Hostia y darle agua después.

Algunos consejos:
Para los familiares: los que tienen a su cargo al moribundo y prevén cercano el fallecimiento deben comunicarlo a su párroco para que esté sobre aviso y acuda en cuando pueda y tomar algún teléfono o referencia para avisar en caso de agravamiento súbito.

Para los sacerdotes: no deben retrasar demasiado el Viático a los enfermos; quienes ejercen la cura de almas han de vigilar diligentemente para que los enfermos lo reciban cuando tienen aún pleno uso de sus facultades. Ningún católico, menos aún si ha sido practicante, debería abandonar esta vida terrena sin el consuelo del Viático.

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